Es lamentable sobremanera que la familia humana se desintegre sin contemplación alguna, cuando súbitamente se deporta padres y madres de familia, dejando a la deriva en el paÃs del norte, que es como un mar de amplio, a infantes y dependientes incapacitados, provocando un sentimiento colectivo de aflicción que no es admisible mirar que ocurra ni en las especies mas bajas de la creación.
Y a los que lograron su objetivo de vencer la infranqueable muralla que los separa de su ansiado anhelo, es necesario que tengan presente las conocidas palabras de exhortación de un anónimo pero grande consejero que dicen: “os rogamos como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre vosotros mismos; para que en lo que murmuran de vosotros como malhechores, glorifiquen a Dios en el dÃa de la visitación, al
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