Durante mucho tiempo quiso ser como el resto y no sobresalir siempre mirando al mundo desde la lejanÃa de sus ojos escarpados.
La diferencia respecto a sus semejantes es permanente: la sensación de monstruosidad, un fantasma que lo perseguÃa frente al espejo.
Debieron construirle una casa especÃficamente adaptada para su altura de modo que pudiese entrar y no se chocase continuamente con el techo o las luces.
Su cama es de esas que no se consiguen en ningún lugar: mide dos metros sesenta centÃmetros. La ropa tiene que ordenarla especialmente para que quepa en sus medidas descomunales.
Satisfecho
Como el resto de los gigantes, anda encorvado como para acercar ese mundo que es tan pequeño a su lado.
La vida amorosa no le ha resultado fácil. Xi Shun no se ha casado ni tiene hijos.
Curiosamente, hasta los 16 años era de una altura media, normal.
Pero a esa edad en que todos los humanos empiezan a frenar ese proceso acelerado de crecimiento que ocurre en la adolescencia, Xi Shun hizo lo contrario: se disparó y empezó a crecer hasta convertirse en el hombre más alto del mundo.